Capítulo Especial (12+1): El Odio

16/04/2011                                                         Te odio - Los seis días

The face of war - Salvador Dalí


No suelo ser de las que gastan su tiempo odiando a nadie. Si te enfadas tienes dos trabajos: enfadarte y desenfadarte, como dice Renata, o, como dice mi hermano: "yo no es que perdone, pero como se me olvida...". Eso sí, hay gente que te da razones para odiarles sin que te cueste trabajo y que no te dejan olvidarlo. Y, a veces, también, se puede odiar sólo a ratos, incluso a tus mejores amigos...



 
Razón para odiar 1: Diminutivos.

"Maaargaaa", gritaba ella mientras se acercaba. Ella, la más odiada:



Su manía por cambiar los nombres incluso dejaba sin alternativas a los demás para dirigirnos a Francisco, a quien cada uno llamaba de una forma. Ella antes le llamaba Francis, pero ahora le había dado por la versión más aberrante de su nombre...

Herminia: Marguita - tu puta madre te parió desde un cocotero tras follarse a un tití y te quedaste tonta en la caida (tourette) - FRANI me ha dicho que te diga que la 3 (una habitación) ya se ha quedado lista y que le digas ya qué has decidido sobre lo que te comentó.

¡Hijo de puta el "Frani"!. Lo que me comentó fue la posibilidad de contratar a Herminia como limpiadora.

Rita: "Hermi", porfi, llamame Rita (o no me llames, debí añadir). Gracias por la información. Dile que cuando los sapos bailen flamenco. Y si añades algo, impulsada por tu síndrome de tourette, mejor.

Creo que usaba sus diminutivos para marcar terreno. Era su forma desquiciada de decir "frani me quiere más a mí, por eso yo puedo llamarle de forma horripilante" o "no eres tan importante como para que recuerde cómo te llamas"...

Razón para odiar 2: Análisis morfosintácticos.

"Frani": Oye, necesito ayuda, es trabajadora (aunque sea rara), me llevo bien con ella, y soy yo quien va a soportarla, no tú.
Rita: Es que con sólo verla de lejos ya tengo ganas de agarrarle por el cuello
"Frani": la
Rita: ¿qué?
"Frani": agarrarle el cuello o agarrarLA por el cuello, si la agarras a ella es la...
Rita: ¿y si te agarro a tí?
"Frani": Voy a contratarLA... y no es una pregunta
Rita: Haz lo que te salga de LA punta del nabo...

Razón para odiar 3: Todo es personal.

Rebeca había hecho de mi casa, su casa... no nuestra, suya. Puede parecer dulce por su aspecto a veces, pero si algo la define es su mala leche y su vocación dictatorial. Es una cualidad muy buena cuando está de tu parte, pero es invencible si te pilla en posiciones enfrentadas. Por ello, últimamente, estábamos en una de esas fases por las que pasamos de vez en cuando, consistente en picarse y morder. De repente, todo es personal.

Me presentó hace poco a unos amigos. Uno de ellos, Jordi, era super divertido... a su pesar, porque cuando lo intentaba era soso como él sólo. El resto del grupo lo formaban Sonia, una chica simpática, aunque quizás demasiado loca, que quería ligarse a Jordi (no sé porqué, con lo poca cosa que era) hasta rozar el acoso (en realidad, un simple "no" le hubiese valido, pero Jordi era de palabras más largas y mensajes más confusos), Mila, una cuarentona exuberante, cuyo único objetivo en la vida era encontrar una fuente válida de esperma para que no se le pasase el arroz (y Jordi le valía), y Agustín, un chico mucho más guapo, despierto y divertido que Jordi, desesperado porque alguna le hiciese caso a él, aunque fuese de rebote.

Pero Jordi prefería hablar con Rebeca. Sólo hablar, no sé si porque no había interés de otro tipo entre ellos o porque era tan ñoño que no sabía reconocer una buena oportunidad cuando la tenía delante (creo que lo segundo).

No me entendáis mal, me cayó bien... a mi manera. Es que tenía ese tipo de personalidad enternecedoramente agradable a la par que irritantemente mojigata. Si no me cayese bien, no le hubiese hablado, lo cual, probablemente, hubiera sido más beneficioso para él que el abuso de puyas al que le sometí. Es mi forma de relacionarme: o me rio de ti en tu cara y nos llevamos bien o te pego una hostia. Pero Rebeca (que sí que me parece que tenía cierto interés en él) se lo tomó como si la atacase a ella, o a su "buen gusto" por los hombres (sean amigos o lo que sea).

A partir de ese momento, las puyas eran entre nosotras, mientras Agustín miraba entretenido, creo que buscando una piscina de barro para darle emoción, y las otras dos aprovechaban la oportunidad para atosigar al pobrecito Jordi, que no tiene culpa de ser tan ingenuamente dócil.

Así con cada cosa: la organización de tareas del hogar, las reuniones de trabajo, las salidas de ocio... todo era un campo de batalla potencial entre las dos. Aunque, a ratos, las treguas fueran conversaciones tan cómplices y divertidas como siempre.

Razón para odiar 4: Psicoanálisis.

Antonio siempre me apoyaba y me ayudaba a entenderme a mí misma, pero a veces es mejor no entenderse... y que no te lo expliquen.

El tema de la "sesión" de hoy estaba claro: ¡Ruth se ha casado! La más puta entre las putas, reconvertida en mujer de bien. ¿Qué esperanza nos quedaba ahora a sus admiradoras? ¿Quién podría cubrir el hueco que nos deja? Y lo peor: ¿ese era el único camino? ¿era lo que me esperaba? Después de descubrir que, de forma ajena a mí (y sin demasiada importancia, tal y como yo lo veía, habiendo tanta gente ahí), Ale y yo estábamos conviviendo, ¿era el matrimonio el siguiente paso? ¿Tan pronto acabarían mis tiempos de aventuras?...

Antonio: ¿Qué aventuras? Tú no eres aventurera, tu eres espectadora en las aventuras de Ruth y te gusta creer que formas parte de ellas, pero siempre has sido una... "buena chica".
Rita: ¿perdona? yo soy tan alocada y putón como la que más, sólo que ahora estoy un poco más parada porque tengo novio y eso, pero yo he sido muy zorra y seguiré siéndolo.
Antonio: Ajá... claro.
Rita: No volvamos a eso... ¿crees que yo no puedo hacer locuras?
Antonio: Locuras sí, pero de forma ingenua, ninguna "aventura" como las de Ruth en sus tiempos.
Rita: Define "aventura"
Antonio: Bueno, precisamente ahora que tienes pareja, está claro lo que sería "tener una aventura"...
Rita: No tengo un compromiso de por vida con Ale, ni tengo que darle explicaciones de cada cosa que haga.
Antonio: Entonces, ¿tendrías una aventura conmigo esta noche?, aquí mismo, en una habitación libre...
Rita: Podría hacerlo perfectamente, no soy ninguna mojigata, ya te lo he dicho.
[...]
Rita: Era una propuesta hipotética, ¿verdad?
Antonio: Depende... ¿la respuesta era hipotética?
[...]
Antonio: Claro que sí... eres una buena chica. Puede sonarte aburrido, pero tampoco es malo, no te preocupes y deja de intentar ser una persona que no eres, o peor, intentar que tus amigas sean la persona que querrías ser.

Pepito Grillo freudiano de mierda...

Razón para odiar 5: Madurez.

Ruth estaba taaaan centrada, taaaan madura, taaaan casada... taaaan aburrida. Estaba incluso sobria la mayor parte del tiempo...¡Ruth! ¡sobria! ¿en serio?

La verdad es que eran muy monos. Álvaro es un encanto y hacen una pareja estupenda, pero yo quería a mi zorra... Y mi zorra había "madurado".

Nunca he terminado de entender porque la madurez se confunde con la falta de fuerzas. No dejamos de hacer las locuras de la juventud porque estén mal y nos perjudiquen, sino porque ya no las aguantamos igual y la "madurez" es sólo la excusa que ponemos para no admitir que, en realidad, simplemente nos hacemos viejos.

Aunque todos parecían felices con el cambio: Ale parecía creer que la estabilidad de mi amiga me haría tener deseos de imitar su compromiso (sigue soñando), el equipo de la charade agradecía haber recuperado a su jefa de personal más responsable que nunca, Rebeca no veía la pérdida de una compañera de ligues, sino de una rival. Renata siempre había sido más casera (más ahora, que tenía que estar bajo observación, por si acaso) y se hizo más amiga de Ruth de lo que había sido nunca, y Rául parecía estar superando sus propias penas sentimentales por la alegría de los éxitos ajenos (después de todo, y pese a su actual situación, él había estado felizmente casado, y no veía nada negativo, sino todo lo contrario, en el matrimonio)... Yo disfrutaba de la compañía de la pareja, ya os digo que Álvaro es un encanto, y no es que la nueva versión de Ruth me cayese mal... pero añoraba a la anterior.

Apenas bebían cuando salían (este plural me mata), y, cuando lo hacían, pasaban un par de días recuperándose y lamentando sus excesos... pero ¿qué había que lamentar? ¿murió alguien acaso? Bueno, puede que alguien saliese herido de forma inexplicable, pero nada grave...

Razón para odiar 6: Es el destino.

Cuando algo no nos gusta son "cosas que pasan", si no nos conviene darle importancia, es una "casualidad", si nos hace daño, es simplemente una putada... y si nos emociona "es el destino".

Así creía Ale que era nuestra relación: cosa del destino. Y el destino no es el camino, es la meta, y el quería llegar cuanto antes mejor. Yo soy más de disfrutar de cada paso. No me entendáis mal, parece que le critique mucho o que esté un poco harta. Lo cierto es que le quiero, sólo que lo que para él es el camino lógico, para mí es la forma de desviarse de lo que está bien como está...

Pero, por mucho que le quiera, sí es verdad que, últimamente, estaba muy pesado y, justo esa noche, en la que yo estaba empeñada en querer seguir siendo joven, en no ser una "buena chica", con un sentido de la oportunidad ridículamente fallido, lo hizo: me lo pidió.... o me lo ordenó más bien: "cásate conmigo" fue su frase literal... "déjame que lo piense", fue mi respuesta... pero no pensé mucho...

Ale se fue a casa, esperando a que yo volviese después de cerrar. Yo me quedé en el bar, le pedí a Antonio que se quedase conmigo a recoger...



Rita: Antonio, ¿que pasaría si te dijese que la 3 está "hipotéticamente" libre?
[...]

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