Capítulo 11: El Equipo

27/02/2011

Apurando el último paquete de galletas de mi despensa, no paro de pensar: ¿por qué tantas mujeres tendemos a esquivar nuestras frustaciones con comida? ¿acaso es una catarsis por lo poco que comemos habitualmente para poder estar atractivas? ¿puede ser que nos llevemos algo a la boca como una metáfora felatoria? Quizás necesitamos a los hombres para que nos decepcionen y podamos un día comer sin remordimientos... 

Y así empezaría un blog Carrie Bradshaw... Pero claro, ella tiene una amiga salida, una cursi y otra triste pero triunfadora, no una pirómana, una perdida quién sabe dónde y otra en juicios por una deuda millonaria... Para metáforas felatorias estoy yo...

Ruth se fue.

Me había apoyado en ella por todo lo que estaba pasando: Renata pasó una semana ingresada y desde entonces había estado apenas sin salir de casa de su madre... aún no me había atrevido a preguntarle por lo que dijo de mi casa (no paraba de pensar en la posibilidad de que hubiera tenido algo que ver con el incendio en el que murieron mis padres... pero no quería saberlo: ella ahora era mi familia...); Ángel había decidido dejar de hablarme... y no contarme ciertas cosas que sí quería saber, como si nos habíamos acostado sin que yo lo recordase, por ejemplo; el bar parecía ir por buen camino, pero aún no habíamos compensado la inversión (ni la reforma tras el incendio), empezaban a fallar las cuentas y los problemas de Rebeca no ayudaban (Joaquin había utilizado su nombre en ciertas transacciones que ella desconocía cuando tenían la empresa juntos, había perdido mucho dinero y ahora ella se encontraba con la posibilidad de tener que pagar unas deudas que ni siquiera sabia que se estaban acumulando); de repente tenía un nuevo hermano mayor, al que no había visto en mi vida, pero que se consideraba en el derecho de estar invitado a mi casa por el lazo familiar... y que acababa de sufrir una desgracia, así que a Ruth le dió pena. Ruth era mi punto de apoyo, la única persona que parecía cuerda y centrada y en quien podía confiar... y me encuentro un día una nota en la nevera que decía "me voy fuera unos días". Eso fue hace 3 semanas y no coge el teléfono ni se ha puesto en contacto de ninguna forma... Espero que siga viva aunque sólo sea para poder matarla con mis propias manos.

Un día estaba yo en casa con ese hermano postizo, sin Ruth, sin Renata, sin Rebeca y tenía que salir... Recordé que Ale, el repartidor de cervezas, me había dado su número por si quería quedar algún día, y quedé con él... y al día siguiente volví a quedar, y al siguiente, y el de después de ese... De repente fue obvio que tenía novio.

Y aunque la expresión en sí suela acojonarme, con él suena bonito.

Ale es divertido, inteligente, abierto, guapo, "hábil" (ejem). Fue el único cambio positivo (o que así me lo parecía) en esta época de mi vida y casi todo el tiempo libre lo pasaba con él... aunque no tenía mucho tiempo libre sola en el bar.

La cuestión es que empecé a conocer mucho mejor al equipo de la charade.

Ruth siempre había sido la directora de equipo, la referencia de camareros, porteros y relaciones públicas para cualquier cosa, y yo había tenido con todos ellos (menos con Francisco) una relación cordial pero superficial, pero Ruth no estaba... 

Erny tenía su puntito bipolar, sobre todo con Renata (que lo mismo preguntaba "¿cómo anda mi renatilla?" con cara de cordero degollado, que se ponía a despotricar de "la bruja loca esa que casi quema el bar"), pero con todo el mundo: su mejor amigo al día siguiente era un capullo, un cliente habitual por el que ponía la mano en el fuego, la siguiente noche no entraba porque no le daba buena espina. En realidad, como portero, me parecía hasta un poco peligroso... Además, era un metomentodo: aunque no fuera ni bueno de portero, se pasaba la vida intentando enseñar a relacionarse a la relaciones públicas y a servir a los camareros. O se inventaba la mitad de las anécdotas (cosa probable) o había tenido una vida muy extraña (cosa igualmente probable). Era un plasta, y su pinta de makinavaja venido a menos no ayudaba a darle seriedad... Pero era imposible no cogerle cariño.

Para hacer bien el trabajo en la puerta confiaba más en Alfonso, la verdad. Era un tipo serio... ¿He dicho serio? ¡ni de coña! Era un tipo formal, eso sí, pero de serio nada: lo mismo te contaba el chiste más viejo del mundo, pero con gracia, que te interpretaba un monólogo completo (de hecho, algunos domingos, salía al escenario para hacerlo), que te imitaba a los personajes de futurama. Además era una de las personas en quien más sentía que podía confiar (no sólo dentro del bar): honorable, discreto... Si fuera mi madre, le querría de yerno (aunque yo me quedase con Ale).

Dentro del bar, mi mano derecha era Francisco. Él sí era serio. Y absolutamente hermético. Un gran trabajador, creo que buena persona también, atento, despierto, pero un misterio en todo lo que no fuera puramente profesional. Era frío, distante y muy celoso de su intimidad. Me inspiraba total confianza en la gestión del bar y del hostal, pero... ni siquiera era capaz de indicar preferencia en cómo quería que le llamásemos (y ¿hay algún nombre que de pie a más diminutivos que francisco?).

Todo lo contrario que Andrés. El no era discreto. Era un niño grande. Lo que, cuando me enrollé con él, me había acabado pareciendo superficial, ahora me parecía más bien enternecedor. Era refrescante la forma feliz en que se tomaba la vida... aunque, como todo niño, también tuviese sus rabietas...

Aunque la verdadera benjamina del grupo era Clara, la relaciones públicas. La niña más dulce que he conocido jamás. Una romántica incurable e inocente... aunque bien podría no serlo: su vida no había sido nada fácil y, en muchos sentidos, se vió obigada a madurar de golpe, pero de alguna forma siempre consiguió mantener su esencia de hada buena, tierna, ingenua... un poco cursi a veces.

Y ambos habían encontrado la figura de un hermano mayor o incluso un padre en Antonio. Un hombre fuerte, sencillo, algo tímido, trabajador, sensible, educado, clásico, protector, con el que yo a veces no podía dejar de imaginarme teniendo un par de churumbeles a los que enseñábamos a cultivar hortalizas y a ordeñar a las vacas (se me va: Ale, Ale, Ale...).

Bueno, vale, por mucho Ale que hubiese puede que sí tuviese ganas de alguna "metáfora felatoria" y de lo que no eran metáforas también, pero la cosa con él no iba mal...

1 comentario:

Minesa dijo...

Vaya, qué lío me he hecho, he tenido que leerlo varias veces para enterarme de que Rita lleva un bar y nos está presentando a su personal; que Renata posiblemente haya tenido que ver con un incendio y que Rebeca está llena de deudas gracias a su ex socio...Y Ruth desaparecida, ande andará???